Leonor Patscheider, puso a prueba todos sus años de experiencia como profesional en Ciencias de la Educación para difundir, en un taller de tres horas y por medios virtuales, los tres módulos del Manual de Promoción de la Corresponsabilidad del Cuidado. Pidió a los y las participantes que tengan siempre la cámara prendida y que se guarden las preguntas para después de cada módulo. Consciente del desafío, anunció que no preparó la parte final del módulo 3, sobre incidencia, “porque sería demasiado”, e inició la aventura con dos cartillas en mano, una, con la guía para la facilitación y, otra, con el cuaderno para la participación.
Dejó en claro que el objetivo de la guía es “proporcionar información, herramientas y argumentos sobre el valor y la importancia del trabajo de cuidado de la familia, en la reproducción de la vida misma y en la economía de los países, así como la necesidad imperiosa de que la sociedad y el Estado se corresponsabilicen en su realización”.
Explicó que aplica los principios metodológicos de la educación popular y el constructivismo. El primero, se empezó a desarrollar desde los años 60 y hace especial énfasis en lo que son las relaciones humanas y los sistemas socioeconómicos equitativos y justos, pedagogía crítica y creativa, y de posicionamiento ideológico. “Las personas saben desde su experiencia cuáles y cómo son sus problemas e intuyen cómo debieran trabajarlos y resolverlos”. Y, el constructivismo, corriente pedagógica que complementa la educación popular a partir de la enseñanza-aprendizaje para la adquisición de conocimientos de forma activa y el desarrollo de habilidades de forma integral para abordar desafíos a través de la indagación, la acción y la reflexión. “Ambos, empoderan para el cambio”, puntualizó.
Los ejes transversales son la igualdad de género, la interculturalidad y las masculinidades. “Creo que el estudio de masculinidades tiene ya un tiempo de recorrido, unos buenos 20 – 30 años, pero se están haciendo esfuerzos para incorporarlo dentro de todos los trabajos que enfocan, abordan, la igualdad de género”, subrayó Leonor Patscheider y admitió que durante muchos años “cuando hemos trabajado sobre los derechos de las mujeres nos ha importado qué efectos tenía el patriarcado sobre la situación de las mujeres, sobre el ejercicio de sus derechos, y no hicimos un esfuerzo igualmente importante sobre las consecuencias de todo este sistema patriarcal en las actitudes y comportamientos de los hombres”.
Y antes de dar paso a comentarios y preguntas, dejó sentado que el logro de los objetivos también depende de la persona responsable de facilitar el taller. Los/as participantes coincidieron con ese planteamiento.
- “Hay que activar la capacidad de saber escuchar en todo el sentido de la palabra, pero también expresar ideas y lograr que quienes están compartiendo el espacio de diálogo sepan reconocer y valorar lo que se manifieste en el taller”.
- “Pienso que el facilitador debe tener motivación, es importante el manejo de grupo y el dominio de tecnologías de la información”.
- “Un facilitador debe ser proactivo, rescatar y valorar las opiniones diferentes”.
- “Tenemos que conocer el enfoque de género, de interculturalidad y de masculinidades”.
Leonor Patscheider asintió y subrayó que “el facilitador debe conocer el tema, tener claro qué quiere que se conozca, se discuta y se debata. Planificar, controlar tiempos, mantener el ritmo, garantizar una escucha activa, comunicación abierta, ser amigable y tratar a todos/as por igual”. Inmediatamente invitó a los/as participantes a responder las preguntas del Autodiagnóstico Temático y a plantear sus expectativas para acomodar el taller a sus intereses.
Varios comentarios sobre la metodología y una inquietud reiterada: cómo pasar de la teoría a la práctica y de la reflexión a la acción.
Planteado el desafío Leonor Patscheider entra en materia y detalla los contenidos del Manual con el apoyo de diapositivas. “El objetivo de este módulo es facilitar elementos teórico-prácticos básicos para comprender el origen de la desigualdad entre hombres y mujeres, entre mujeres y hombres y sus principales pilares: la división sexual del trabajo, la apropiación de la capacidad reproductiva de las mujeres y el ejercicio de la violencia de género para mantener la subordinación de las mujeres” y muestra el cuadernillo para participantes que registra mensajes cotidianos que reproducen y afirman el sistema patriarcal: “A las mujeres no les gustan los chicos buenos, prefieren a los machitos”, “No juegues con autitos, pareces marimacho”. Mensajes para motivar la reflexión.
Luego anunció que se analizará el concepto de patriarcado, “un concepto complejo que se lo vamos desglosando -machismo, sexismo, prácticas homofóbicas y autoritarias- podemos ir entendiendo” y, luego, leyó, una a una, las definiciones escritas en diapositivas.
Se detuvo en el concepto de derechos sexuales y reproductivos “que reconocen a las personas sus capacidades de autodefinirse y decidir como vivir su vida sexual y su vida reproductiva” y dejó sentado que en el caso de las mujeres están bastante socavados y advirtió que “A veces tenemos la tendencia a creer, sobre todo en las políticas públicas, a creer que los derechos sexuales y reproductivos se circunscriben únicamente a los derechos reproductivos, que son los que normalmente los estados protegen”.
Siguió con la lectura de la diapositiva que define la violencia de género como “la violencia contra las mujeres que busca sumisión y dependencia, mantenerlas bajo control del hombre (…) un recurso de dominación directo y ejemplar, porque produce pánico, parálisis, control o daño” y complementó que el feminicidio es el extremo de la violencia contra las mujeres, pero existen otras formas de violencia igualmente dañinas, como la violencia simbólica, que naturaliza y reproduce la sumisión y el maltrato de las mujeres.
Algunos/as participantes interrumpieron para advertir que estos temas suelen provocar respuestas “rudas” de algunos hombres e incluso burlas que podrían afectar la credibilidad del facilitador.
Leonor Patscheider recomendó afirmarse en las definiciones de los tres pilares del patriarcado y, en seguida, pasó a explicar el Módulo 2, sobre los cuidados y la responsabilidad social y pública. » Las tareas de cuidado son las actividades indispensables para que las personas puedan alimentarse, educarse, estar sanas, vivir en un hábitat propicio para el desarrollo de sus vidas”, dijo y, añadió que “Para hacer todas estas actividades que tienen que ver con lo material, con lo administrativo y con lo emocional, mantener el equilibrio emocional de los miembros e integrantes de una familia, se requiere de tiempo, fuera de fortaleza emocional, se requiere de muchísimo tiempo”.
Pero ese tiempo no es valorado, “porque se piensa que las tareas de cuidado se las hace nomás, no hay valoración, no hay remuneración, no hay horarios”. Recordó que desde el feminismo se ha demostrado que el trabajo de cuidado tiene un valor económico, y si fuera cuantificado tendría muchísimo impacto en las cuentas nacionales.
Recomendó hacer entender dos aspectos en los talleres, que “El trabajo de cuidado, por un lado, tiene una importancia fundamental para la reproducción de la vida y la fuerza de trabajo. Las personas si no cuentan con la atención en los hogares, de alimentación, de vestimenta, de cuidado en enfermedades, no podrían trabajar, por lo tanto se afectaría fundamentalmente los ingresos y la economía de los países” y, por otro, que es fundamental para garantizar el ejercicio de los derechos de las mujeres.
De ahí la importancia de la corresponsabilidad familiar, que es la distribución equitativa de responsabilidades del trabajo que se realiza al interior de los hogares, para el sostenimiento y la reproducción de la vida, la corresponsabilidad social y pública que atañe a la sociedad y al Estado como corresponsables de los cuidados a través de las diferentes instituciones y políticas públicas, proyectos y presupuestos.
Reiteró que “problematizar lo que significa para las mujeres hacerse cargo de todas las tareas de cuidado, requiere de esa mirada, de esos lentes para mirar una realidad vista como “normal”, pero que no lo es”. La crisis de los cuidados es otra perspectiva desde la cual se puede abordar el tema de cuidados.
Luego se detuvo en el Módulo 3 que plantea la construcción de una sociedad y un Estado responsables para lo que es importante conocer la legislación nacional e internacional para hacer acciones de incidencia.
Leonor Patscheider afirmó que en cada módulo se transversalizó el tema de masculinidades. “Cuando se habla, por ejemplo, de violencia ejercida hacia las mujeres, tiene alguna perspectiva desde masculinidades. El ejercicio de violencia es como parte de un mandato que reciben los hombres de imponerse a sus parejas; es decir, el hombre que no es dominante, el hombre que no manda y que no es obedecido está cuestionado en una forma de ver la masculinidad hegemónica. Así como las mujeres recibimos mandatos de cómo debemos comportarnos, como debemos ser buenas madres, por amor cuidar a nuestros hijos y a nuestras parejas, también los hombres reciben mandatos: tienen que ser fuertes, ser valientes, tienen que imponerse, no tienen que ser débiles, no llorar, no ocuparse de las labores de la casa, etc.
“El patriarcado es un poder autoritario que castiga cualquier acción, pensamiento o actitud que no esté de acuerdo con esa masculinidad hegemónica”. Castiga por medio de los pares, de la familia, de la suegra, etc.
Leonor Patscheider aceleró la presentación de las últimas diapositivas de su exposición, se centró en la “Hoja de Planificación”, pidió que respondan una evaluación individual y cerró el taller con una historia de la vida real para trabajar el tema de corresponsabilidad. Tarea para la casa.